De huir de Irán a salvar vidas en Israel

12/Mar/2026

JNS- por Tania Shalom Michaelian

 

 

Anat Mastor, quien huyó de Irán cuando era una adolescente, ahora desempeña un papel crucial en cirugías cardíacas que salvan la vida a niños de todo el mundo. Crédito foto: Save a Child’s Heart

 

Hoy se desempeña como jefa de perfusión en Save a Child’s Heart (SACH), la organización humanitaria israelí que ha tratado a más de 8 mil niños de 75 países, sin importar raza, nacionalidad o religión. La perfusión es el proceso médico que mantiene la circulación de sangre y oxígeno en el cuerpo durante una cirugía a corazón abierto.

 

Su historia abarca continentes y generaciones: desde una asustada niña judía que crecía en el Irán posterior a la Revolución, hasta convertirse en pieza clave de uno de los programas de cardiología pediátrica más destacados del mundo.

 

Nacida y criada en Shiraz, Mastor tenía solo 11 años cuando la Revolución Islámica de Irán de 1979 transformó drásticamente la vida cotidiana de las minorías religiosas.

 

“Como niña judía, estaba obligada a usar un vestido largo, negro, y un hijab —un pañuelo que cubre la cabeza y que usan las mujeres musulmanas—”, recuerda Mastor. “Se cancelaron las clases de inglés y, aunque yo era judía, nos impusieron el estudio del Corán y de la religión islámica”.

 

Durante su adolescencia vivió con miedo constante. Recuerda escuchar informes de persecuciones, encarcelamientos y ejecuciones de minorías religiosas en Shiraz —incluidos miembros de la comunidad bahá’í— y afirma que, como judíos, su comunidad sentía intensamente esa presión.

 

“Muchas noches me iba a dormir completamente vestida debido a los rumores de que podían producirse pogromos violentos contra los judíos”, dice Mastor. “Siempre estábamos preparados para correr, incluso para huir por los tejados si era necesario”.

 

Tras terminar la secundaria a los 18 años, Mastor comprendió que a los judíos prácticamente se les impedía ingresar a las universidades. Decidida a construir un futuro en otro lugar, huyó de Irán, cruzando la frontera montañosa hacia Pakistán a través de rutas de contrabando.

 

Pasó cuatro meses en Karachi junto a otros refugiados judíos mientras la Agencia Judía organizaba los documentos de viaje.

 

Sus padres decidieron quedarse atrás. Mastor nunca volvió a ver a su padre; murió al año siguiente y ella no pudo asistir a su funeral.

 

Reconstruyendo su vida

 

Mastor llegó a Israel en 1987 y comenzó a reconstruir su vida en el kibutz Be’erot Yitzhak. Ya familiarizada con las oraciones en hebreo desde Irán, pronto dominó el idioma mediante estudios en un ulpán.

 

Un año después se matriculó en biotecnología médica en lo que hoy es el Instituto Académico de Ingeniería de Tel Aviv, donde decidió especializarse en perfusión, un campo altamente técnico con un papel fundamental durante las cirugías a corazón abierto.

 

Los perfusionistas operan la máquina corazón-pulmón durante las operaciones cardíacas. Cuando los cirujanos detienen temporalmente el corazón de un paciente para realizar reparaciones delicadas, la máquina asume la función del corazón y los pulmones: bombea sangre por el cuerpo, añade oxígeno y mantiene la circulación hasta que el corazón puede volver a latir con seguridad.

 

En 1991, Mastor comenzó su pasantía en el Hospital Beilinson y ese mismo año se incorporó al Centro Médico Wolfson en Holon como perfusionista, el mismo año en que el Dr. Arie Schachner fundó el Departamento de Cirugía Cardiotorácica del hospital.

 

Desde entonces ha permanecido vinculada al programa.

 

Desde la fundación de Save a Child’s Heart en 1995, Mastor también ha estado profundamente involucrada en la misión de la organización de ofrecer atención cardíaca gratuita a niños de países en desarrollo. Trabajó junto al fallecido Dr. Ami Cohen, uno de los fundadores de la organización, ayudando a construir el programa en sus primeros años.

 

“En 1999, mi madre finalmente logró escapar de Irán haciéndose pasar por una turista que viajaba a Turquía y aprovechó la oportunidad para huir a Israel”, cuenta Mastor. “Falleció dos años después. Aunque su tiempo en Israel fue corto, estoy agradecida de que pudiéramos pasar ese tiempo juntas”.

 

Más allá del quirófano, Mastor también ha ayudado a formar profesionales médicos en todo el mundo. A través de Save a Child’s Heart, fue mentora de Sophia Mlanzi Josephat Lukonge, la primera perfusionista mujer de Tanzania; Tigist Tesfaye Hailemariam, la primera perfusionista mujer de Etiopía; y Felix Kamuchungu, el primer perfusionista de Zambia. También ha ayudado a formar a algunos de los primeros perfusionistas en China y Rumanía.

 

Su trabajo ha contribuido a desarrollar sistemas de atención cardíaca que salvan vidas en países donde antes no existía ese tipo de experiencia médica.

 

Sentirse en casa

 

Para Mastor, en la intensidad del quirófano es precisamente el lugar donde más se siente en casa. “Realmente amo ser perfusionista”, dice. “Operar la máquina corazón-pulmón es una responsabilidad altamente técnica y siento que forma parte de mi ADN”.

 

“Musulmanes, cristianos o judíos, para nosotros no importa”, añade. “Hemos tratado a todos, incluso a niños de Irak y Afganistán; tal vez algún día también de Irán”.

 

Después de más de tres décadas en este campo, su motivación sigue siendo sencilla. Casada y madre de tres hijos, Mastor espera que su historia resuene más allá del quirófano.

 

“Mi mensaje para las mujeres de todo el mundo es simple: manténganse fuertes”, afirma. “Merecemos igualdad de derechos. Una y otra vez las mujeres hemos demostrado que somos capaces de lograr todo aquello que nos proponemos”.

 

Y para la gente de su lugar de nacimiento, transmite un mensaje de esperanza: “Algún día espero que el pueblo de Irán viva con dignidad y libertad, y que yo pueda volver a visitarlo”.

 

Desde entonces ha permanecido vinculada al programa.

 

Desde la fundación de Save a Child’s Heart en 1995, Mastor también ha estado profundamente involucrada en la misión de la organización de ofrecer atención cardíaca gratuita a niños de países en desarrollo. Trabajó junto al fallecido Dr. Ami Cohen, uno de los fundadores de la organización, ayudando a construir el programa en sus primeros años.

 

“En 1999, mi madre finalmente logró escapar de Irán haciéndose pasar por una turista que viajaba a Turquía y aprovechó la oportunidad para huir a Israel”, cuenta Mastor. “Falleció dos años después. Aunque su tiempo en Israel fue corto, estoy agradecida de que pudiéramos pasar ese tiempo juntas”.

 

Más allá del quirófano, Mastor también ha ayudado a formar profesionales médicos en todo el mundo. A través de Save a Child’s Heart, fue mentora de Sophia Mlanzi Josephat Lukonge, la primera perfusionista mujer de Tanzania; Tigist Tesfaye Hailemariam, la primera perfusionista mujer de Etiopía; y Felix Kamuchungu, el primer perfusionista de Zambia. También ha ayudado a formar a algunos de los primeros perfusionistas en China y Rumanía.

 

Su trabajo ha contribuido a desarrollar sistemas de atención cardíaca que salvan vidas en países donde antes no existía ese tipo de experiencia médica.

 

Sentirse en casa

 

Para Mastor, en la intensidad del quirófano es precisamente el lugar donde más se siente en casa. “Realmente amo ser perfusionista”, dice. “Operar la máquina corazón-pulmón es una responsabilidad altamente técnica y siento que forma parte de mi ADN”.

 

“Musulmanes, cristianos o judíos, para nosotros no importa”, añade. “Hemos tratado a todos, incluso a niños de Irak y Afganistán; tal vez algún día también de Irán”.

 

Después de más de tres décadas en este campo, su motivación sigue siendo sencilla. Casada y madre de tres hijos, Mastor espera que su historia resuene más allá del quirófano.

 

“Mi mensaje para las mujeres de todo el mundo es simple: manténganse fuertes”, afirma. “Merecemos igualdad de derechos. Una y otra vez las mujeres hemos demostrado que somos capaces de lograr todo aquello que nos proponemos”.

 

Y para la gente de su lugar de nacimiento, transmite un mensaje de esperanza: “Algún día espero que el pueblo de Irán viva con dignidad y libertad, y que yo pueda volver a visitarlo”.